
Cuando el repertorio culinario se reduce a 3 platos, este ancestral, tradicional y abanderado acto de femineidad, se vuelve, una total pesadilla. Desde que recuerdo, la cocina fue un lugar al que solo me acercaba para “picar” a escondidas algo rico que mi mamá estuviese preparando, en contadas ocasiones para apoyar con el lavado de los servicios y en los últimos tiempos para redecorarla y que la única poseedora de sazón en mi familia de tres tuviese un lugar más fashion donde idear y preparar los más ricos platillos que dejaran satisfechos a sus más fervientes admiradores. Definitivamente, el sonido de las ollas y las sartenes friendo o cocinando algo, el heroico acto de trozar y desgrasar un pollo, inmolarse en nombre de un buen aderezo, picando cebollas o moliendo ajos era algo de lo cual prefería mantenerme alejada, algo de lo cual siempre quise pensar nunca me alcanzaría; pero los años pasan y como parte del paquete todo incluido que viene con el cambio de estado civil y para no defraudar las expectativas de mi público unitario, compré, lo confieso, algunos libros de cocina, para ser más específica, el tomo de aves, carnes, arroces y menestras; siempre me ha gustado leer así que si un libro me había acompañado siempre y me había servido de compañero y fuente de diversión quise creer que esta vez no sería la excepción, luego de leer algunas de las recetas me di cuenta que no era lo mío, di un largo suspiro de resignación y decidí usar mi instinto y creatividad, resultado, los lunes almorzamos lo que quedó el domingo del almuerzo familiar en casa de mis padres, los martes lentejitas, miércoles arroz con pollo, jueves tallarines rojos y los viernes ... se almuerza fuera.

Hay querida amiguita.., realmente fue un gusto volver a verlos, espero se repita mas seguido.
ResponderSuprimirBesitos Sonia.